Cuando me tiro

Imagino que conocéis esa sensación en la que parece que llevas tanto tiempo acumulando estrés, tensión, problemas mal solucionados, peso, peso, peso, … , y no del qué se mide en kilos, en los hombros, el corazón, joder, peso en tu vida. Momentos en que el destino parece ponerte a prueba, sobrecarga tu día a día primero con pequeñas agujas y luego con minas imposibles de detectar hasta que ya estás encima, vamos, se pone en plan cabrón. Es entonces cuando cuentas los minutos que te quedan para cogerte unas vacaciones, unos días para recobrar el aliento, descansar y volver a la batalla; pero el destino no opina lo mismo que tú y decide invadir ese espacio que pretendías fuera para ti, continúa buscando nuevas fórmulas retorcidas que desmoronen tu psique, parece que allá donde mires hay un gremblin recién comido y mojado en agua después de las 12 de la noche, la desesperación te desespera, … pues bien, cuando llega ese momento, … cuando la atmósfera ejerce toda la gravedad del planeta sobre ti, … yo me tiro … a caminar. Si, lo típico. Supongo que a todas las personas les relaja tirarse, en general, tirarse, ya sea en paracaídas, por un puente, a la vecina, o cuatro pedos, tirarse. A mi me va tirarme a caminar, sin un destino, sin un reloj, simplemente caminar, escuchar y observar, y siempre por la montaña.
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