Llegas a casa, te sientas en tu sofá … y buscas tu zombie

Pensadlo, esa sensación de desamparo que flota entre la polución de la ciudad cual espora maligna, la imagen retorcida de las personas que “nos gobiernan”, una atmósfera verdusca, enrarecida, apesta a muerto.

Seas empleado puteado o desempleado cabreado, nos dan por saco todos los días y cuando tienes un momento de paz, harmonía, sosiego … buscas un zombie. Es así, tal cual, lo que nos reconforta últimamente es ver pelis de zombies, series de zombies, leer libros de zombies, incluso manuales de supervivencia contra zombies!!. Si algún iluminado anunciara un Gran Hermano Zombie arrasaría, un Operación Triunfo en el que auténticas leyendas del pasado, o sea, músicos muertos, como Elvis, Michael Jackson (que ya lo tenía ensayado) o John Lennon compitieran con su descompuesta presencia intentando articular una cuerda vocal carcomida y llena de telarañas, … sería apoteósico.

A nadie se le escapa que las buenas historias escasean, los guionistas parecen estar en paradero mental desconocido, y, sin embargo, la clave es un zombie (pedazo de frase): una epidemia que vuelve rabiosas a las personas, una antigua leyenda ancestral que vuelve a la vida tras siglos de espera aletargada, un arma militar americana (siempre es americana) que se les va de las manos y vuelve a todas las personas seres grotescos, putrefactos, insaciablemente caníbales, … . Todo lo que tocan los muertos vivientes últimamente se convierte en éxito rotundo; el último en llegar, Guerra Mundial Z, una apocalíptica historia muy recomendable donde Brad Pitt (¡¡51 tacos!!, cabr….) trata de buscar la causa de una epidemia mundial que vuelve “acongojantemente violentos y hambrientos” a los humanos. Otra de esas pelis que te quitan el mono zombie y te dejan bien saciado/a.

Lo dicho, quien tiene un zombie, tiene un tesoro.