Jubilarme para empezar … a currar

Se que nunca llegará ese día, que es una utopía fumada y sin piloto al volante, pero si algún día, si algún onírico día pudiera jubilarme … trabajaría más que nunca.

Imagino que como casi toda la sociedad pedimos ciertas “condiciones” a la vida para tener una excusa y no conspirar contra ella. Por el simple hecho de nacer pensamos que la madre naturaleza debe concedernos algunas licencias, cosas sencillas: tener salud, ser felices, muchas amistades, descendencia, sentirnos realizados con nuestro trabajo, … conseguir ciertos objetivos.

Al principio todo parece ir sobre ruedas. La mayoría consigue estudiar lo que quiere o algo que descubre le llena y motiva a partes iguales; sientes que tu camino tiene sentido, no hay obstáculo grande o pequeño que no puedas superar, te comes el mundo con patatas y una chorritá de mayonesa (sí, yo soy muy de mayonesa), hasta que llega un día que sin darte cuenta has terminado tus estudios y debes escoger entre:

1. Seguir estudiando lo que sea para no atragantarte con la presión por esa supuesta “responsabilidad” que se te supone por tu edad y conocimientos.

2. Buscar un trabajo de “camarero/a lavaplatos comemierda”, “dependiente/a con licencia a que te corroan el alma”, “camello mantequero, hachisero y marihuanero”, o hacerte “azafata besaculos con sonrisa grapada a tu cara” de eventos para poder pagarte esos estudios extra.

3. Tener “paciencia” y trabajar en aquello para lo que has estudiado empezando desde abajo. Y cuando digo abajo me refiero a la misma altura que el sótano de los topos, los fósiles de homo exclavitus o el subsuelo de la planta baja del infierno. Porque si bien es cierto que el trabajo y esfuerzo dignifica a las personas, en este país la gran mayoría de empresas (y sus empresarios) se dedican a dar rienda suelta a su sueños húmedos de “dominatrix”, a dejarte bien claro que nunca llegarás a su altura porque lo suyo es por contrato divino y ha superado muros inquebrantables hasta llegar ahí y, por supuesto, a exprimir hasta el último glóbulo rojo de tu organismo cobrando lo mismo que cobraba tu abuelo cuando empezó de botones en el Hostal Doña Herminia.

Suena triste pero normalmente es así.

Si perteneces a mi generación es posible que hayas tenido suerte y más o menos hayas conseguido evolucionar laboralmente, si eres un poco más joven es muy probable que no hayas tenido tanta suerte y quizá sigas estudiando a la espera de esa oportunidad, en cualquier caso, antes o después todos trabajamos; todos pasamos una larga etapa de nuestra vida pencando y quejándonos de todo lo que nos gustaría hacer y no hacemos por falta de tiempo, dinero, familia, …, es lo que podríamos denominar etapa de “MI VIDA SIN MI”. Y justo cuando has somatizado la situación, cuando sólo falta que te metan 2 pilas AAA por el culo cada día cual robot, te dicen: “pues no te queda nada para la jubilación”. Y entonces, sólo entonces, vuelves a entender el sentido de la vida, piensas que todo lo que has pasado: broncas, hostias, despidos, contrataciones, palmaditas en la espalda, cuchillitos en la nuca, besos, bofetadas, éxito, humillación, orgullo engullido, pequeñas victorias, sonoras derrotas, …, todo, tenía un fin.

Para muchos debe ser algo así como conseguir un pase VIP a Port Aventura, muchas emociones pero exentas de preocupaciones: viajes, salidas, quedadas, desenfreno, … living la vida loca, licencia para liarla parda. Para otros, malacostumbrados a la vida sin vida, supone un cambio tan radical que se vienen abajo, apagándose hasta extinguirse. Hay casos que, suerte para ellos, han tenido una carrera tranquila donde han disfrutado o cuanto menos sido conscientes de cada etapa; llevan tiempo preparando ese instante mágico y cuando llega lo saborean poco a poco, disfrutando más que nunca de sus nietos, pareja, paseos, viajes, … de su vida de siempre pero exprimida como nunca. Y luego están los de mi especie, … tiparracos de mente inquieta, que se pasan toda la vida urdiendo su gran obra mientras trabajan como cabrones haciendo otros proyectos, eso sí, lo mejor que pueden y saben, pero siempre dejando ese as en la manga para su “momento”; que incluso cuando no tienen nada que hacer hacen algo, porque no hacer nada es como deshacer todo lo hecho. Cuando estas personas llegan a la jubilación es realmente una putada para los que los rodean, ya que es cuando empiezan a dar rienda suelta a todo lo que no han podido o les han dejado plasmar.

Te has comprometido a llevar todos los días a tu nieto al parque, pero lo que tu hija no sabe es que además piensas hacerle un reportaje fotográfico, una encuesta a todos los mocosos donde describan cual es su columpio favorito, porqué y cual es su sensación al deslizarse por el tobogán, que combinado con una investigación del origen e historia del parque te dará para poder editar un libro con fotografías e ilustraciones de los propios niños, y si tiene buena acogida podría servirte para escribir un blog sobre los parques infantiles, los mejores columpios y la afluencia media, testimonios de primera mano de niños, abuelos, jardineros y grabaciones del cantar de los ruiseñores.

Por suerte, dudo que llegue ese día, me extrañaría dada la maravillosa herencia que nos dejará el gobierno (éste, el anterior y los que vengan), así que seguiré preparando mi gran obra a la sombra, … mientras voy a trabajar, no sea que se me olvide.